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De Babel al Edén en la Isla Colón

  • Foto del escritor: De Santa Fe A Alaska
    De Santa Fe A Alaska
  • 25 abr
  • 5 Min. de lectura

El reggae presente a cada paso, como producto de la influencia jamaiquina. Foto de Ximena Frois
El reggae presente a cada paso, como producto de la influencia jamaiquina. Foto de Ximena Frois


Por Claudio Turco Cherep


Al ritmo tórrido, reposado, cadencioso del Caribe, se mueve la Isla Colón, Panamá arriba. Para llegarse hasta aquí, la escala obligada es el puerto de Almirante, enfrente, sobre el continente. A cada rato, todos los días, muchas embarcaciones con medidas de seguridad limitadas, cruzan a cientos de turistas que llegan desde distintos lugares del mundo. Se puede arribar en auto a través de un ferry o en avión, aunque el transporte más solicitado es la lancha. La furia del mar está atemperada por un cúmulo de islotes que ejerce de dique para que las olas lleguen a la costa con la mansedumbre de un lago transparente. También están a buen resguardo las mejores playas, a las que generalmente se debe acceder en una travesía moderada a pie, en bici o en taxi-botes. El casco urbano, donde proliferan bares y hospedajes, es una postal de casas históricas que disimulan la vejez con colores chillones o con guirnaldas de luces a tono. Aquí, en la capital de la provincia de Bocas del Toro, no deben vivir más de 3.500 habitantes, pero en fechas de temporada alta, los huéspedes casi que triplican la población, constituida por una fusión de gringos, raza negra y antillanos de la primera hora.

 

Por la calle principal, donde predominan los supermercados administrados por inmigración china, circulan atónitos, escudriñando las costumbres, muchos visitantes europeos. A propósito de los orígenes, fue nada menos que Cristóbal Colón el primer hombre del otro lado del océano que llegó a este lugar en su cuarto viaje, además de bautizarlo haciéndose un auto homenaje. En adelante, el proceso migratorio hacia la isla tuvo vaivenes en los que vale la pena detenerse, porque le han dado una fisonomía, una integración y hasta una lengua(1) que la convirtieron en un lugar de excepción. Ariel Pérez Price es nieto de José Antonio Price. El abuelo Price tiene un honor. Fue el primer médico afropanameño que se graduó en el período republicano. Un montón para el destino de esclavo que se le guardaba en esa época. Ariel dice en su libro con las historias de Boca Town - así llaman al sitio los lugareños- que la historia moderna empezó por una cuestión de impuestos. O en todo caso de la voluntad de no pagar impuestos.

 

Ahora empieza la época de lluvias. Cuando arranca el chaparrón, podés ir a buscar el libro a la biblioteca popular del pueblo. Cuando aparece el sol otra vez, te vas a Playa Drago o a Playa Estrella, y dejándote acariciar por las olas sosegadas y el movimiento flexible de las palmeras, leés con atención.

Sobre el año 1827, Panamá pertenecía a Colombia y Colombia se escindió de Venezuela y Ecuador, dejando atrás el período de La Gran Colombia. Como consecuencia de la emancipación, se dio para sí nuevas leyes y, también, nuevos tributos. En muchos lugares eso no cayó bien. Por ejemplo, en las Islas de San Andrés y Providencia había dos muchachos, los hermanos Daniel y Tadeo Brown, que entendían que lo que el fisco pedía era excesivo y, para no pagar, estaban dispuestos a lo que fuere, inclusive a emigrar a zonas ignotas. Eso fue lo que hicieron. Tomaron sus pertenencias, entre ellas una buena cantidad de esclavos, y se llegaron hasta la Isla Colón, donde solo había unos pocos pescadores, unas pocas construcciones lacustres. A la brevedad, hicieron llegar la noticia a otros deudores morosos, que no dudaron en mudarse. Ya tenemos entonces británicos, esclavos africanos, pobladores originarios. La isla va tomando color. O varios colores.

 

Playa Estrella, Isla Colón, Bocas del Toro, Panamá. Foto de Ximena Frois
Playa Estrella, Isla Colón, Bocas del Toro, Panamá. Foto de Ximena Frois

Nosotros elegimos Playa Estrella para profundizar el conocimiento. Está en un extremo de la isla que es justamente el sitio al que arribó Colón. Hay un bus interno que hace el traslado hasta donde se puede llegar por ruta y luego te internás un kilómetro por un camino tapizado por arena y techado por palmas gruesas que mitigan el calor, aunque no la humedad. El agua es tan cristalina que no puede esconder una población de estrellas de mar -las que dan nombre al lugar- que se ubican como parte del paisaje, a unos pocos metros de la costa. Desde los chiringuitos donde se ofrece pescado frito o langosta regado por cerveza Balboa, suena reggae, la música de Jamaica. Entre los principales exponentes musicales de la región, Luis Russell es un prócer que nació en la vecina isla Carenero. Aunque se hizo famoso en el mundo por el jazz, por sus venas corrió sangre jamaiquina. Los jamaicanos son parte de otra corriente inmigratoria y le han dado mucho de su cultura al archipiélago. Llegaron en un par de oleadas. Una es la de sobrevivientes de la construcción del canal de Panamá, que se quedaron y se fueron reubicando cuando se terminó el trabajo. Otra, cuando las garras de la United Fruit los cazaba para trabajar en las plantaciones de banano, motor de la economía durante muchos años.

 

Como los jamaiquinos, la isla también ha sobrevivido. La malaria, el vómito negro, un incendio descomunal, un terremoto a gran escala, diezmaron la población muchas veces y otras tantas, quienes aman las aventuras, quienes buscan la paz, quienes persiguen vidas nuevas, la volvieron a habitar. Los recién llegados, no siempre fueron bien recibidos. Por ejemplo, la segunda oleada de vecinos de Jamaica, sufrió a una clase de criollos que ya se había consolidado, mestizada con los gringos, y que le hacía pagar derecho de piso. Sea para el conflicto o para la convivencia, los británicos, los originarios, los afro, tuvieron que entenderse. Y para eso crearon una lengua, el guari guari, que solo se habla aquí, o más precisamente en Bastimentos, que es la isla de enfrente (2). Toda la inmigración aportó vocablos a un idioma que aún perdura y que mezcla el inglés británico con términos africanos y palabras que ya manejaban los lugareños desde los tiempos de los chibchas. Quizás, apenas se quedaron afuera de hacer aportes los indios y los chinos que vinieron mucho después. Menos mal, porque si es difícil entender el guari guari, los aportes orientales a la amalgama hubieran sido definitivamente imposibles.

 

A diferencia de los islotes vecinos, que directamente no tienen calles, Colón está conectada por una ruta interna que conduce a todos los destinos. Aunque hay taxis y minibuses, la bicicleta eléctrica es el medio de locomoción más utilizado. Las bicis se dejan ver y se hacen sentir. Entre el sonido del mar, se puede oír claramente un zumbido como de moscardón cuando se acercan los turistas con prisa innecesaria. Sobre los maderos de las casas casi siempre hay una bici apoyada, enchufada, tomando carga para el próximo destino. Por la naturalidad con que los anfitriones ofrecen excursiones a cada paso, prometen lugares increíbles con delfines o carey, uno podría suponer que el turismo nació con la isla. Sin embargo, la explosión no tiene más que unas décadas. Antes era el tiempo de la exportación de coco, de zarzaparrilla y, sobre todo, de banano. El puerto de Almirante, desde donde llegamos, sirvió para que se almacenara allí el producido y luego viajara, casi siempre, al sur de los Estados Unidos, donde más compraban y consumían los frutos centroamericanos. Cuando el negocio decayó, la tenebrosa United Fruit tomó otros rumbos y la Isla también. Se dio a conocer como un edén para las escapadas perfectas. Escapadas como las de Daniel y Tadeo Brown.

 

 (1) (2) La historia de la lengua que se habla únicamente en la zona está en nuestro material para suscriptores. Si querés formar parte de esa comunidad, mandanos un mensaje al 3425485726. Con un breve aporte, vos bancás los trapos en el recorrido y nosotros te compartimos contenidos exclusivos cada semana.


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2 comentarios


Agustín
Agustín
29 abr

q lindo turco, ojala sigas pasando por mas playas, a ver si asi por fin te pegas un baño, viejo roñoso olor a cola

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paisajesdeluz
26 abr

Hola, Turco. Estoy viajando con la lectura de tus crónicas. Uno va descubriendo, a vuelo de pájaro, la compleja y rica América que habitamos. Mil gracias.

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