La mitad del mundo y alguna teoría conspirativa
- De Santa Fe A Alaska
- 21 feb
- 4 Min. de lectura
La llegada a la mitad del mundo constituyó para nosotros un mojón importante en nuestra marcha. Desde lo simbólico, pero también para el día a día, porque supone un empujón importante hacia la meta. Ahora, ¿estuvimos realmente en la mitad del mundo? Elijo creer.

Por Claudio Turco Cherep
De memoria me lo acuerdo. Te juro que me lo acuerdo como si la profe de Geografía me lo estuviera diciendo ahora, camino a este monumento contundente con una esfera en la cima que representa el globo terráqueo. “La Tierra es achatada en los polos y ensanchada en el ecuador debido al movimiento de rotación sobre su propio eje y a la fuerza centrífuga resultante”. La monada la miraba atónita y desinteresada. Y ella, en lugar de dejarla ahí, la complicaba más: “forma de esferoide oblato, tiene”.
A Newton lo citaba. A Isaac Newton. Una pena que el físico inglés se murió en 1727. No pudo saber de la expedición geodésica francesa que llegó hasta aquí en 1736, para confirmar lo que decía la profe de Geografía y para trazar la línea del ecuador terrestre. Mucho menos que el Sistema Métrico Decimal que nos rige desde 1800 y que unificó las medidas de todo el mundo, también es hijo de ese trabajo de investigación descomunal, corroborado con el propio cuero de los expedicionarios.
Es el mediodía en Ciudad Mitad del Mundo. El sol pareciera estar posado casi de manera geométrica, cubriendo todos los rincones por igual, sobre este predio 17km al norte de la ciudad de Quito. Una guía turística le dice a su contingente que a esta hora, se produce un fenómeno llamado “sol cenital”, porque los rayos caen perpendicularmente a 90° y con precisa exactitud. Como resultado, si uno coloca cualquier objeto en cualquier parte, éste no producirá sombra alguna.
Este complejo administrado por el municipio de Pichincha consta de 32 hectáreas, por lo que, a pesar de que la concurrencia es nutrida, todos encontramos espacio. El monumento constituye el atractivo mayor y se pueden subir por escalera los 30 metros hacia la azotea, pasando por galerías en las que es factible aproximarse a cada región del ecuador: la sierra, la costa, la amazonia, Galápagos, con animaciones, figuras humanas en cera, trajes típicos, flora y fauna. Vale la pena, como también lo valen el Museo de la Cerveza, el Museo Guayasamín, el Anfiteatro, el Planetario, el Museo del Tren y la Plaza Central, donde se puede disfrutar de artesanías y gastronomía bien ecuatorianas.
Entre los atractivos sobresale el Pabellón Francia y los reconocimientos a los hombres que se animaron a medir el planeta. Por eso, será mejor bajarlos de sus bustos. Los galos fueron los astrónomos Pierre Bouger y Charles de La Condamine, el científco Louis Godin, el botánico Joseph de Jussieu y el médico Jeann Seniergues. También llegaron los españoles Jorge y Santacilia, matemático y Antonio de Ulloa, astrónomo y naturista. Además, se sumaron como créditos locales el geógrafo y topógrafo Pedro Maldonado y el cartógrafo Juan Magnin.
Los pueblos originarios, que también son conmemorados en la “Ciudad” a través de reconstrucciones de sus viviendas y objetos, no se la hicieron fácil a los extranjeros. Los ladrillos, el metal y los morteros, herramientas rudimentarias que se utilizaron para las mediciones, fueron vandalizadas sistemáticamente. Los traslados se hacían a lomo de mula, por entre la altura y con no pocas disidencias entre los profesionales. Dos de ellos perdieron la vida en la gesta, por distintos motivos.

Ya nos llega a nosotros el turno de sacarnos la tradicional foto con un pie en cada hemisferio. Mientras esperamos para apoyar la derecha a un lado y la zurda al otro, dejando en el medio la línea amarilla que delimita el este y el oeste, aparece la polémica. Alguien avisa que la verdadera línea del Ecuador está a unos 240 metros de aquí, porque hace algunos años, con la aparición de la tecnología, se pudo probar con exactitud que aquellos héroes de la misión geodésica habían tenido una falla leve de cálculo. Ese sitio señalado es la pequeña población vecina de Calacalí.
Ahí todos juran que tienen el cuerpo asentado en la verdadera mitad del mundo. Inclusive, se jactan de tener el monumento original. Es uno exactamente igual al que acabamos de subir, pero en una escala menor. La aparición del GPS es lo que ha permitido afinar el cálculo. Esto suena lógico. Solo que ocurre que hay un tercer lugar que se postula a estar exactamente en la mitad del globo. Este, ya bastante más lejos, es Cayambe, donde una bola gigante se levanta como aval de otras corrientes del pensamiento geodésico y la llaman “la bola del mundo”.
El recorrido y la altura empiezan a hacer mella en forma de un cansancio que nace en las piernas y se sube por el cuerpo caliente. A un costado, a bocinazos, pasa el tren que recorre la pequeña ciudad para los niños y los que se la bancan poco. Nosotros estamos enrolados entre los últimos, pero tenemos nuestro orgullo y seguimos a pie. Atardece en la zona de Pichincha. A un costado del ingreso, la arrasada sede de la Unasur ahora es un “Centro Múltiple de Institutos”. Hay amenaza de lluvia y caminamos rápido hacia la salida, como en la escuela. ¿Conocerá la profe de geografía La Ciudad Mitad del Mundo? ¿Sabrá de las distintas teorías acerca del lugar exacto de su prédica vana? Si no vino, ojalá pueda leer esta crónica.




Genial. Un detalle. Solo hay dos días al año en que el sol pasa por el Cenit en el ecuador terrestre. Son los llamados "equinoccios": Del 20-21 de marzo y del 22-23 de septiembre.