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Retobados, cimarrones y palenqueros (Parte 2)

  • Foto del escritor: De Santa Fe A Alaska
    De Santa Fe A Alaska
  • hace 6 días
  • 6 Min. de lectura

 

Todos lo conocen a Danilo. No hace falta dar demasiados datos para que un par de minutos después esté frente a nosotros. Viene caminando por la plaza principal, que tiene forma de un triángulo isósceles imperfecto. Se guarece un poco del sol con su sombrero vueltiao, hecho con fibras de caña flecha, pero más con su cuero duro, que viene bastante de la genética, como así de la pelea diaria. Se presenta con una formalidad que no se parece a la chaqueta que luce haciendo juego con las bermudas y las alpargatas, que combina rombos y otras figuras geométricas multicolores, en blanco, amarillo, negro, celeste, con predominio del rosado magenta. San Basilio del Palenque no ha de superar las quince cuadras de largo por siete de ancho en su casco urbano. Tampoco alcanza siquiera a los 4.500 habitantes. Sin embargo, ese envase pequeño alcanza para abrigar una muestra histórica -pero también omnipresente- de lo que fueron las vidas, las luchas,  sobre todo las muertes, de los esclavos africanos traídos por los negreros europeos en los tiempos de la conquista.

 

Danilo Cáceres Cassiani convida agua fresca y un par de sillas plásticas bajo la sombra de un árbol, unos metros más allá de donde nos bajamos de “la chiva”. La brea de unas pocas calles asfaltadas se derrite y se pegotea sobre las suelas de las ojotas de los que cruzan al ritmo cansino que signa el termómetro, con el mercurio rojo acercándose a los 40 grados. Sereno, afable, con orgullo pero sin jactancia, dice que “San Basilio del Palenque es un pueblo importante que ha hecho muchas cosas por la humanidad, una de esas es que es el primer pueblo libre de América, una gesta de libertad que marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. Hoy nos llena orgullo porque Palenque fue el pueblo que rompió los grilletes de la esclavitud a cambio de esa libertad,  fue fundado por negros y negras, los cuales fueron esclavizados en África y traídos de manera inhumana a América. Y gracias a Benkos Biohó, nuestro líder cimarrón que fue traído por los portugueses en los años 1597, que se escapó y se estableció acá, fuimos admitidos, recién en 1713, mediante un entente cordial con la corona española, como el primer pueblo libre de esclavitud en América”.

 

Palenque -Palenge- en la lengua local, tiene casas bajas, quizás más bajas que en otros lugares donde de por sí son bajas. Y más aún teniendo en cuenta la altura de sus habitantes, casi todos afrodescendientes. Por eso no es extraño que, mientras Danilo habla, sobresalga detrás de su figura, más lejos pero en la misma plaza -que además lleva su nombre-, la estatua de Benkos Biohó. Para llegar hasta él hay que atravesar un escenario techado que se usa para las celebraciones populares. Guarecidos en las chapas altas que techan a medias el auditorio, un grupo de adultos juega al dominó y discute sobre uno de los deportes más populares aquí: el sóftbol. La estatua del libertador impacta mucho más por su gestualidad que por su magnitud. La figura de Benkos se sale de la base de su monumento y su cara se desfigura en un grito desgarrador que, más que verse, todavía se puede oír. Su mano derecha, desproporcionada, porta jirones de su cadena y en las muñecas de la mano izquierda se ven los grilletes rotos. Bajo la tutela de este hombre que nació un día que la historia no ha podido fijar, tal vez en lo que hoy es Guinea Bissau, el pueblo vive y escribe sus propias reglas.


 

Una de las particularidades es la organización política. En estos momentos San Basilio de Palenque está tramitando la categoría de municipio, para no depender del vecino Mahates. Aún así, tiene una concesión. En esta tierra de guerreros, no hay policías. Cuando la mansedumbre se rompe, un grupo de ciudadanos probos, casi siempre veteranos, que la comunidad elige en elecciones libres, es llamado a intervenir. Esta comisión de ilustres se llama “Guardia Cimarrona” y, según dice el vecindario, pocas veces tiene trabajo porque el pueblo pelea poco para adentro y mucho para afuera. Las veces que debe actuar, ejerce un suerte de justicia ancestral. Y el nombre que lleva no es menor. Para la Real Academia Española el cimarrón es el animal que no puede ser domesticado, que se va al monte a vivir salvajemente. O sea, que no es que no quiera seguir reglas, sino en todo caso que no gusta de que le impongan ninguna.  Para los españoles era sencillo, o eras dócil, o eras cimarrón.  Despectivamente, a los esclavos que se fugaban, como a Benkos Biohó, les llamaban cimarrones. (en nuestro boletín para suscriptores vamos a ampliar sobre esta figura).

 

Una vez que pasa el mediodía, es muy difícil estar en la calle. Hay algunos comedores típicos que, delante de la casa, tienen una galería cubierta para protegerse del calor. Sobre esas mesas, algunos turistas gringos comen pescado frito con arroz y otras guarniciones. Están devastados por el calor y por las calorías. Muchas casas tienen algunos escalones y esos techos a dos aguas que sobresalen haciendo visera contra una intemperie impiadosa. Las puertas están abiertas y, entre las sombras interiores se recuestan las siluetas de las mu

 

jeres que están cocinando o a punto de servir la comida. Puede que los aromas que llegan hacia la calle sean de boyo de yuca, de las populares carimañolas o un arrocito con coco. De todas maneras, lo más afamado de la gastronomía palenquera son los dulces. Las mujeres del pueblo no solo que trabajan en la elaboración de caballitos, bolas de tamarindo o alegrías, sino que son las que todos los días van a Cartagena a venderle su mercancía a los turistas. Para la venta es importante también la presentación, por lo que ellas no dudan en colocarse atuendos coloridos, vestidos largos y una ornamentación que, los que conocen, pueden saber con solo verlas pasar que esas mujeres son palenqueras. Son también la sangre de Wiwa, la esposa de Benkos, la reina de la liberación.

 

Danilo pronto se tendrá que ir y mientras él juega con el reloj del ahora, nosotros queremos consultarle por el reloj del tiempo. ¿Qué fue lo que hizo que muchos años después de que Palenque viviera como un pueblo libre la corona reconociera su condición? Vale recordar que nos situamos en el año 1713 y que los españoles recién abolieron la esclavitud en 1886, cuando finiquitaron el sistema de patronatos en Cuba. Para nuestro interlocutor no hay dudas. Fue una negociación con la Iglesia. Algo así como “ustedes tendrán derechos a ser reconocidos libres, pero hay algo que no podrán elegir y eso es la religión. Deberán ser católicos”. Por entonces, hacía muchos años (1621) que a Benkos lo habían matado, a traición. Biohó, después de vencer tres veces a los españoles, les hizo entender por la fuerza que a ese territorio que él había fundado no le cuajaban las ideas esclavistas. Inclusive consiguió que les permitieran circular como “libres” por la misma Cartagena. Pero como lo consideraban un mal ejemplo, lo detuvieron, lo decapitaron y lo descuartizaron.

 

A medida que transcurre nuestra visita breve a Palenque, nos sorprende la conciencia histórica de este pueblo. Todos conocen perfectamente de donde vienen y por qué los trajeron. Benkos no es una estatua quieta sino, Cordera dixit, un muerto que no para de nacer. Era un entrenado en el arte de una guerra necesaria. Sabía de estrategia militar porque en el África era líder de batallas tribales como referente de su pueblo, que lo reconocía como un tipo de una familia de prosapia. Cuando se pudo escapar, organizó un sistema de guerra de guerrillas, en las que liberaba a los esclavos en las estancias, los sublevaba contras sus negreros y luego las incendiaba. Después se escondía en el monte y, como método de defensa, utilizaba la música de los tambores para avisar, el territorio hostil para pernoctar, la resistencia de su raza para soportar. Ha quedado dicho que Danilo se tiene que ir y que nosotros nos queremos quedar. ¿Qué es la lengua palanquera? ¿De dónde viene el bantú? ¿de que se trata la etnoeducación? Llega entonces para contarnos Carlos.


(ver la Parte 3 en este link de nuestra web)

 
 
 

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