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La Quebrada del Toro

  • Foto del escritor: De Santa Fe A Alaska
    De Santa Fe A Alaska
  • 26 ene
  • 2 Min. de lectura

 


Si se recorren artículos periodísticos de diversa índole se puede concluir que varios caminos en Perú son conocidos como “ruta de la muerte”. Y es que debe estar bien que así sea. Más que una ruta de la muerte en particular, por distintos factores, todas las rutas del Perú pueden ser “la ruta de la muerte”. Cuando todavía faltaba un trimestre para concluir el 2025, las estadísticas contaban ya que han fallecido 2332 personas en accidentes de tránsito y 1569 en homicidios. Los números guardan sincronía con otros de otros países, pero los caminos no.

 

La mayoría de las rutas de montaña en Perú son recorridos majestuosos, en medio de la sequedad de la piedra, entre la noche temprana impuesta por la cordillera, a miles de metros de altura sobre el nivel del mar, con curvas que jamás cesan, con señalización escasa y con imprudentes de toda laya. La paciencia es un bien escaso en estos recovecos. En algunos casos, al borde del precipicio, ni siquiera hay guarda rail y en otros, hay alguno atravesado por la furia de algún camión, que vaya uno a saber cuántos metros abajo terminó en la rodada.

 

Entre las vueltas de la ruta, uno debe calcular que ninguna piedra se desprenda de la montaña en las zonas de derrumbe o apretar fuerte las mandíbulas ante el azar de una curva que siempre puede tener un conductor pasando en doble fila en lugares donde apenas caben dos vehículos a lo ancho. Con el devenir de los kilómetros, puede que a uno se le produzca acostumbramiento, pero jamás podrá disminuir la tensión.

 

Es el caso de la Quebrada del Toro, un zigzagueo impresionante en los últimos tramos desde Arequipa a la zona del mar. Como postales macabras anexadas al paisaje, las víctimas de los accidentes tienen tumbas y ermitas donde se los recuerda con cruces y artística local. La travesía es un campo santo sin final, un cementerio de apurados e intrépidos mal asesorados. Los 15 muertos del bus de la empresa Lucerito en 2013, los cinco del camión que chocó con un coche en enero de 2025 o los tres que cayeron 300 metros en el último septiembre parecen no intimidar a nadie.

 

Los kilómetros que separan a los arequipeños del océano Pacífico no son tantos. 174 dicen los pocos carteles. El tiempo que demande recorrerlos ya es otro cantar. Medir el tiempo del camino en función de la distancia suele ser un error recurrente. Para sobrevivir aquí, hay que templar los nervios y olvidar el reloj. Las rutas de montaña en Perú son una experiencia que vale la pena transitar. Pero cuidado, la belleza y la muerte habitan por estos caminos y, hasta que no llega uno a destino, no puede decir con cuál se ha topado.

 
 
 

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