top of page
Buscar

Las dos caras de Sinaloa

  • Foto del escritor: De Santa Fe A Alaska
    De Santa Fe A Alaska
  • 2 ago
  • 6 min de lectura

Actualizado: 8 ago

Arte, calor y color de Mazatlán, "la Perla del Pacífico", Sinaloa (foto de Ximena Frois)
Arte, calor y color de Mazatlán, "la Perla del Pacífico", Sinaloa (foto de Ximena Frois)

Por Claudio Turco Cherep


Desde Argentina recibimos muchas recomendaciones cuando les contamos a nuestros amigos que estamos atravesando el estado de Sinaloa. No es para menos. Las series de Netflix, las noticias sobre el narcotráfico, abundan en detalles negativos. Si uno lee los diarios digitales también es para alarmarse. La sección policial predomina con datos escalofriantes. Que asesinaron a una mujer joven con su hijo acá, que encontraron una cabeza humana en un basural allá, que apareció un cuerpo “encobijado” (muerto y envuelto en una frazada), que ejecutaron a un señor en un parque, que ahorcaron y colgaron de un puente a unos cuantos jóvenes. A nuestro paso por Tepis, a un costado de una avenida principal se ve un operativo desproporcionado, con agentes de civil y uniformados con armas largas. Pero unos metros más allá, enfrente, al costado, la vida sigue con normalidad. O en todo caso, la normalidad es ésta. La ruta permite presumir que lo que no está a simple vista, puede andar por ahí. La policía y el ejército, cada tanto hacen retenes, requisan, miran, ordenan seguir. Es una sensación ambigua. Nada que haya pasado hace suponer que algo grave vaya a pasar, pero la percepción se instala, quieras o no. Vamos a entrar a Mazatlán. Es la “Perla del Pacífico”, el viento cálido del mar, el oleaje casi musical, alejan los malos pensamientos.

 

Las noticias dicen una cosa, la gente de a pie dice otra. “Esta ciudad está blindada”, afirma un chofer de “pulmonías”, los simpáticos vehículos de alquiler tradicionales que no tienen puertas ni ventanas. “Ni a ellos les conviene que haya problemas”, agrega. “Ellos”, los que no se nombran, todos sabemos quiénes son. Pero para ser justos, nada en una recorrida por el malecón, en una visita al centro histórico, en un paseo por el mercado, genera la percepción de que pudiera pasar algo más allá de lo que puede pasar en cualquier lado. “Si tu no te metes con ellos, ellos no se meten contigo. Es entre ellos la cosa”, también se suele repetir. El latido de la ciudad parece corroborar los dichos de los vecinos. Mazatlán, zona de camarones y de playas extendidas, cuando cae la noche está radiante. En los bares, en las cantinas, en los comedores con mesas sobre la vereda, en locales abiertos, todos los turistas beben, comen, se ríen y escuchan música fuerte. A pesar de que es lunes, parece un día feriado o un sábado por la noche. De todas maneras, ya lo dijo el General, “el hombre es bueno pero si se lo controla es doblemente bueno”. Será por eso que no pasan muchos minutos de estar parado en cualquier avenida para ver circular camionetas repletas de policías con casco, con el rostro cubierto, pertrechados para la guerra, con armas largas, patrullando la “normalidad”. Como dice el dicho costero, “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.


Los camarones son parte importante de la vida y la cultura aquí. Tierra de pescadores, todo plato lleva camarón, mucho de la producción económica depende del camarón. Hay, en las afueras de Mazatlán y en buena parte del Estado de Sinaloa, estanques de agua salada y de agua dulce donde se los cría para venderlos al mundo. En la calle se venden de a montañas para consumo diario. No es lo único que tiene para ofrecer esta ciudad de medio millón de habitantes. La gastronomía es codiciada pero sus playas y sus excursiones mar adentro, a islotes paradisíacos del Pacífico, son un atractivo irresistible. Cada ciudad turística presume de lo suyo y Mazatlán tiene “el faro más alto del mundo”, sobre un morro pedregoso, o “el malecón más largo del mundo”, solo comparado al de Río de Janeiro. En esa costanera infinita, territorio mexicano al fin, el arte hace lo suyo. Desde Pablo Neruda a The Beatles, desde la mujer mazatleca hasta Pedro Infante, nadie se queda sin su escultura. Andar esas veredas ardientes invita a bucear la historia. Pero no solo de la seguridad hay que cuidarse. Por el fenómeno del Niño y por la presencia cercana del huracán Genevieve el mar está embravecido. Hace unos días se tragó una parte de la acera y, de tanto en tanto, hace volar las olas varios metros hasta tocar el pavimento.


Otra vista del Malecón de Mazatlán, la costanera más larga del mundo (foto de Ximena Frois)
Otra vista del Malecón de Mazatlán, la costanera más larga del mundo (foto de Ximena Frois)

 

Si Mazatlán está blindada, ha de ser que no pasa lo mismo con otros lugares de Sinaloa. Culiacán, que es la capital del estado, demanda recaudos mayores. Por ejemplo, allí jugaba de local el equipo de Los Dorados, donde nuestro Dieguito Maradona fue director técnico, pero tuvo que mudar la localía a Mazatlán, un poco porque estaban remodelando el estadio, otro por los problemas que generaba la presencia de “ellos”. Ellos, los que no se nombran, son los cárteles de la droga que, a pesar de las bondades de cada estado mexicano, han conseguido que la gente los asocie irremediablemente a una zona antes que citar cualquier belleza natural o arquitectónica. El cártel de Sinaloa tiene sobrados argumentos para ser considerado como una de las organizaciones criminales más poderosas. Para las situaciones de guerra que se suelen desatar entre bandas, hay un problema mayor. Desde que “Chapo” Guzmán está preso en Estados Unidos, la disputa por la conducción dejó un tendal. Los herederos de “Mayo” Zambada, histórico lugarteniente de Guzmán, también preso en una prisión yanqui, combaten con los hijos del “Chapo” para ver quién manda. Hace unos días Zambada recibió pena a cadena perpetua y su territorio está en disputa. Si hablamos de números, para saber cuánto hay en juego, alcanza con decir que al “Mayo”, además de la condena, le aplicaron una multa de 15 mil millones de dólares.

 

La geografía de portón del desierto de Sinaloa, la presencia de un puerto de magnitud aquí, son una buena combinación para que prospere el negocio narco. Las noticias sobre decomiso de sustancias en el puerto de Mazatlán están a la orden del día. Y muchas no llegan a noticia porque no se decomisan. La mayoría de las familias vinculadas al tráfico de drogas comparten un origen común. Por fama, por ambición, por crueldad, por haber edificado un imperio, Guzmán es el que más lejos llegó. Venía del campo, de un pueblo perdido más al norte todavía, criado en la pobreza. La escuela como una lejanía, la esperanza como una quimera. Al Chapo dicen que lo inició en el delito el papá de un amigo, que tiempo después fue asesinado. La ley de la selva, en todo caso, la ley del desierto. Los que siguen su camino tienen un punto de partida similar. Aunque el desarrollo del negocio cruento arrancó 50 años atrás, aunque se fue perfeccionando, esa idea de resolver todo a los tiros parece estar emparentada con la historia del lugar, como si no se pudiera torcer un destino que viene desde los albores. Al fin y al cabo, la lucha con los originarios, el sitio de Estados Unidos al puerto, las guerras independentistas y la revolución mexicana, se resolvieron a los tiros. Ojo por ojo, diente por diente. Como al papá del amigo del Chapo. Como hizo el Chapo con sus víctimas.

 

Mientras, ajena a miradas retrospectivas, atenta a buscar el sustento diario, una muchedumbre ofrece productos de todo tipo por las calles del centro, con eje principal en el mercado Pino Suárez. Para los viajeros es la vuelta del perro, un paseo por los puestos de compras, una mirada a la iglesia principal (siempre atractivas en México), un recorrido por el casco histórico. Mezclados en el sabor de lo cotidiano, en el bondi urbano, en el calor desmesurado, otra vez nos invade la sensación de normalidad. Normalmente se toman un café o comparten unos tacos los turistas, normalmente desafían el mar unos pibes en sus tablas de surf, normalmente se abigarran al amparo de las sombrillas los bañistas en la playa Olas Altas, normalmente los vigilan los polis parapetados en las camionetas con ropa de guerra. Al fin y al cabo, la normalidad es una categoría bien difícil de describir. Para los amigos que estaban preocupados por nuestra protección, es probable que la lectura de este texto genere una situación ambigua. Entonces, se nota o no se nota la presencia del narco en Sinaloa. Se puede andar tranquilo por la calle o no se puede. Es exagerado lo que dicen los medios o es tal cual como lo cuentan. La gente dejó de ir o la gente sigue yendo. Se respira inseguridad o seguridad por las calles. Puede que todo esto junto.



 
 
 

Comentarios


bottom of page