Los Ángeles en bondi
- De Santa Fe A Alaska
- hace 10 horas
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Por Claudio Turco Cherep
El colectivo eléctrico se desliza como si pudiera hacerlo con el motor apagado. Son casi las 9 de la noche y los pasajeros, que no alcanzamos a completar todos los asientos, acompañamos el silencio. La mayoría vuelve de una jornada larga que se percibe porque en el vaivén, se va quedando dormida. Solamente en la última butaca un muchacho rompe la monotonía y escucha canciones evangélicas un poco más fuerte que lo aconsejable. La noche cayó plácida y las veredas se quedaron vacías. Las luces del autobús se reflejan en los vidrios multiplicando la luminosidad opaca, contrastante con las led que anuncian las próximas paradas. En una de éstas, el chofer desliza la rampa mecánica de la puerta delantera para que suba un pasajero que llegó comandando su propia silla de ruedas. Cuando está completando la operación irrumpe una mujer rubia, de mediana edad, que se abalanza con cierta torpeza intencionada y acusa haberse atropellado con la rampa por negligencia del conductor. Los adormilados se despabilan porque la mujer hace reproches a los gritos y, no solo amenaza con llamar a la empresa responsable del transporte público, sino que toma su teléfono celular y lo hace. Unos minutos después, el colectivero detiene la marcha y avisa que empieza a regir un protocolo, que va a venir una ambulancia y un coche con un supervisor que determinará si es factible continuar o no el viaje.
Aunque Los Angeles tiene casi cinco autos cada diez habitantes y casi dos por cada casa, la población se mueve en el transporte público. Y la población es latina. Los números oficiales dicen que el 47% son de habla hispana; los rostros del autobús, del trabajo, expresan que son muchos más. Una vez que nuestro colectivo detuvo la marcha, el chofer explicó los motivos en castellano. A excepción de la mujer, que finalmente fue trasladada por la ambulancia, el resto de los pasajeros hablaba en español. El transporte público es un tratado de sociología y un modo posible de conocer a la sociedad. Los hay en forma de tranvía, de trolebús, de tren, de subte o de metro. Van hasta los rincones más recónditos de la ciudad, siempre llegan a horario. Con el incidente de la mujer, nadie se quejó, a pesar de que podían cargar con un retraso mayor a una hora después de haber trabajado todo el día. Pensamos en cuántos gritos se hubieran oído ante una situación así en Argentina. La queja no es un lugar posible para los inmigrantes, quizás más de uno sin papeles. Mientras esperó al supervisor, el chofer nos dijo que era hijo de mexicanos. El evangelista, que viajaba con su madre, también lo era. Otro hombre mayor nos reconoció la tonada y nos dijo que él había nacido en Argentina pero se acordaba poco porque había llegado hace decenas de años.

Al boulevard Hollywood para ver los nombres de las estrellas grabados en el piso, a Beberly Hill a codiciar las cosas que difícilmente se podrán tener, a las playas de Santa Mónica o al Centro Cívico, al trabajo o al ocio, los millones de habitantes de Los Angeles y los 134 mil turistas que la visitan a diario marchan en colectivo. Los lugareños dicen que hay tener cuidado en la zona céntrica cuando entre la noche. Es una recomendación que nadie esperaba en el “primer mundo”.
Un paso desacertado nos pone en situación de alerta. Venimos de Venice, la Venecia norteamericana, el lugar donde nació el hippismo. Como todo aquí, queda lejos. El autobús requiere de una combinación que no estaba en los planes. Es de noche, tarde para una ciudad que parece irse a dormir temprano. El fin del recorrido es en Downtown, esa zona a la que recomiendan no ir con las sombras. Para tomar el siguiente hay que caminar unas diez cuadras por las mismas calles que durante el día nos mostraron torres como el U.S. Bank Tower, el One California Plaza o el Higgins Building, por donde circulaban transeúntes de paso laxo, en bermudas; oficinistas trajeados, en patineta. Ahora la desolación es total. Los yonquis quebrados por el fentanilo, los homeless acurrucados contra las vidrieras, acaparan el paisaje. Esto también es Los Ángeles.
Si se sumara a toda la gente sin hogar de todo el condado, se podría alcanzar una cifra similar a la población de la ciudad de Santo Tomé. Tan cierto como que cada diez autos que salen de una concesionaria, casi dos son de alta gama, exóticos, eléctricos premiun y que, si también se sumaran, alcanzarían para que cada vecino de -por ejemplo- nuestra Santa Fe, tenga uno así. Pero estamos en el bondi. A diferencia de los recorridos nocturnos, los del día son bulliciosos, con escolares de hormonas encendidas, con charlas privadas que se hacen públicas. En el bondi van comiendo o hablando por teléfono, maquillándose o leyendo la Biblia. Dos mujeres conversan y una no tarda en decirle a la otra que se quede tranquila, que va a hablar con su jefe para que le de empleo. Y no se queda con la promesa, sino que pasa a la acción. Ahí nomás, mientras una voz grabada con inteligencia artificial anuncia la próxima parada, mientras los que se van a bajar tocan timbre a las apuradas, ella llama por teléfono al patrón y recomienda a la amiga del bus. Que es buena gente, que es trabajadora, que sabe hacer muchas cosas. A nosotros también nos llega el turno de bajarnos. No podemos oír la respuesta del jefe, si va a aceptar o no, si le dirá que se presente mañana mismo. Pero aprendimos que el laburo es un bien escaso y el bondi, a veces, puede ser una bolsa de trabajo.

Los primeros asientos del colectivo están bien dispuestos para personas con discapacidad, para quienes lleven alguna movilidad, para adultos mayores. Están siempre ocupados. La asistencia social le entrega a quienes están en situación de calle una especie de carrito, donde pueden guardar alguna ropa, un poco de la comida que le den. Casi siempre suben al bus con esos carros. El coche se divide en dos. Adelante, sentados, los que no pueden valerse por sí mismos, los rotos. Atrás, en la parte más alta, los que aparentamos estar más enteros. El mismo contraste de la calle, entre los autos y los yonquis, entre los edificios y los homeless. Los aromas del bondi también se hacen sentir. El que viene de la playa huele a crema de protección solar, el tempranero a colonias varias, el del mediodía puede ser a hamburguesa o a taco mexicano, el de la nochecita a sudor. Todos huelen a marihuana, todos van ensimismados en los teléfonos celulares, donde juegan on line o avisan que ya falta menos para llegar a casa. Si uno se tomara todos los días el colectivo, en poco tiempo podría saber de dónde viene cada uno, hacia dónde va, tan solo con el sentido del olfato. Con la ropa es más complicado. Dónde se suban, a la hora que se suban, el vestuario yanqui, el latino devenido, es bien diverso, alejado del que dirán, quizás porque nadie posa la mirada en nadie.
En otro bondi muchas personas hablan solas. En la calle también. En la parada del Walt Disney Concert Hall se baja bastante gente con peques que quieren ver al inoxidable Pato Donald, ahora en 2.0. Unas cuadras más, cuadras largas, está la Arena donde juegan Los Lakers. El Staples Center, como se llamaba antes, el Crypto.com, como se llama ahora, es un lujo donde pueden sentarse 20 mil personas cómodas a ver Luka Doncic, a comer hamburguesas y a tomar cerveza. Enfrente, en pleno centro, hay un par de edificios a medio terminar que fueron tomados por okupas. Otra vez los contrastes. Ambos espacios acaparan mucho turismo. Como es sábado, igualmente hay menos visitantes. Por la misma vereda que las madres toman firme la mano de los pibes, otros deambulan a la deriva, hablan, tienen visiones, cantan, gritan. La cantidad de gente tirada sorprende y alarma. Nadie se cruza de vereda porque son como realidades paralelas. En el bus pasa lo mismo. El que habla solo va al lado del que duerme, enfrente del que chatea y al lado del que merienda. Cada uno en su mundo. Entre tantos, un señor mayor va leyendo el diario. En un título grande se lee que “Resonance”, una consultora de renombre, ha ascendido un puesto a Los Angeles y que se consolida como una de las mejores ciudades del mundo para vivir.





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