top of page
Buscar

Soy Toto de América, mucho gusto

  • Foto del escritor: De Santa Fe A Alaska
    De Santa Fe A Alaska
  • 14 dic 2025
  • 3 Min. de lectura
"Tengo conductas de mis ancestros, como tratar de estar siempre en las alturas"
"Tengo conductas de mis ancestros, como tratar de estar siempre en las alturas"

Si hay algo que no me gusta es que la mayoría de la gente, cuando me ve, pregunta de qué raza soy. Es un pensamiento clasista. Igualmente, si tuviera que definirme diré que son un perro rinconero. Ser rinconero no es una raza sino que es una identidad perruna que no se consigue en otra parte. Doberman, ovejero, cocker, chihuahua, salchicha, rottweiler hay en todas partes. Pero los perros rinconeros somos identificables fácilmente por características que solo tenemos los nacidos en San José del Rincón, pueblo de arena y artistas, de río y de poetas, bien cerca de la ciudad de Santa Fe. Esta familia viajera que me dio asilo pretende que tengo antepasados de bichón habanero. Es una posibilidad porque no niego que tengo conductas de estos posibles ancestros, como tratar de estar siempre en las alturas o tener la alegría fácil y contagiosa. Sin embargo, yo prefiero detenerme en esta condición rinconera que me define.

Desde hace tiempo, muchas familias santafesinas eligen la tranquilidad de Rincón para venir a vivir y vienen con sus mascotas. Pero que un perro venga a vivir a Rincón, no solo que no lo convierte en un perro rinconero sino que jamás podrá adquirir los hábitos de los de acá, por más siesta que duerma, por más pancho que se vuelva, por más pendenciero que se precie. Los rinconeros somos perros que nos criamos básicamente en la calle. Digo la calle de un modo literal, porque en Rincón, las veredas son un bien escaso. Y como consecuencia de eso, tenemos bien en claro que la calle nos pertenece. Por eso es frecuente que los automovilistas patoteros nos toquen bocina cuando estamos echados en medio de una cuadra arbolada y ellos quieren avanzar. Sin embargo, nosotros no nos movemos. No es mi caso porque prefiero las comodidades de una buena cama, pero tengo amigos que hacen detener colectivos por no moverse del medio de la calle. Es como si disfrutaran, desde su pequeñez, imponerse a esas moles de motores ruidosos y hacerles desviar el recorrido.

Recién mencioné a mis amigos. Y ese es otro punto. Los perros rinconeros hacemos un culto a la amistad. De ahí que nos movemos en grupo y dominamos las esquinas. Esto tiene algunos bemoles. Un grupo suele dejar de lado a otros perros que enseguida –porque también son rinconeros- toman otra esquina. En ocasiones hay conflictos de intereses y nos trenzamos, primero con ladridos y después, si no queda otra, a mordida limpia. Pero ojo, en la medida que los grupos se muevan por donde se tienen que mover, no somos de buscar problemas. En eso de moverse, también nos distinguimos. Los perros rinconeros no andamos por andar. Hacemos recorridos puntuales, sostenidos, casi siempre por los mismos sitios, donde nos granjeamos la amistad de los carniceros, asaltamos bolsas de basura o pasamos a saludar por casas de vecinos que suelen tener algo a mano para compartir. Esto que parece improvisado, es un trabajo que hacemos a diario con puntualidad. Por eso es común que no nos vean en actitud de vagabundeo, sino que les va a parecer que estamos yendo a alguna parte. Y que no les parezca. En efecto, es así.

Otra condición nuestra a no dejar pasar por alto es que, el hecho de que elijamos la calle como hábitat, no significa que no tengamos hogar. Casi siempre tenemos casa. Y en ocasiones, no solamente una sino varias. En mi caso, supe tener dos. No una de fin de semana y otra para el día a día, como las familias pudientes, sino dos casas simultáneas como para tener opciones de alimento, cariño y protección a gusto. Muchos de nosotros lo hacemos y no lo veo mal. Eso de ser “el perro de tal” no es para un rinconero. Palabras más, ladridos menos, esos somos nosotros, los perros de San José del Rincón. Es probable que en este viaje yo también comparta mis miradas. Mis compañeros de viaje hablan de una América contada del revés. Yo no sé si hay un derecho o un revés para mirar el mundo. Pero de lo que sí estoy seguro es que yo lo miro desde abajo. Y así trataré de contarlo.


 
 
 

Comentarios


bottom of page